¿Dulce o truco? Amargo y retruco
Cuando debemos traducir textos con marcas culturales, uno de nuestros mayores dilemas es qué hacer al respecto. Gran parte de los problemas de este tipo pueden solucionarse al preguntarle al cliente, pero no siempre es así. Dentro de los tres tipos de traducción que Jakobson plantea (intralingüística, interlingüística y semiótica), existen diferentes técnicas que pueden ser de gran ayuda en este escenario.
Antes de meternos de lleno al tema de hoy, hay tres asuntos fundamentales para tener en cuenta y grabarse a fuego:
No todo ejercicio de localización es traducción.
No toda traducción es localización.
No todo ejercicio de localización tiene que ver con lo lingüístico.
Supongamos que decidimos no conservar una marca cultural; aquí es cuando entra en escena la localización. Según la Asociación de Estándares del Sector de la Localización, localizar un producto o servicio implica realizar modificaciones en el original para crear un producto o servicio que pueda comercializarse en el mercado al que se pretende llegar. Es decir, cambiar el contenido fuente para que el público meta conecte con este y logre entender el punto del creador original. Aquí entran las técnicas de traducción oblicua. Por ejemplo, en la película Intensa-mente, la protagonista protesta cuando sus padres le dan de comer brócoli. En Japón, no es común que los niños detesten esta verdura, por lo que se reemplazó con pimientos verdes. En este caso, la técnica que se aplicó es la
adaptación, la cual se trata de una equivalencia situacional.| Localización semiótica |
¿Cuándo se localiza o internacionaliza? La decisión siempre gira en torno al público meta. El traductor puede preguntarse qué efecto tiene la marca cultural, si es fundamental mantener algún tipo de guiño cultural para acercar al público o si internacionalizar y hacerlo «neutro». Lo fundamental es pensar en qué mensaje da y cómo impacta en el público, si cumple el propósito que tenía al ser pensado en el idioma meta o si lo desvía por completo.
Por ejemplo, en Toy Story, Buzz Lightyear da un discurso inspirador. En el país de origen de esta película —Estados Unidos—, el personaje tiene de fondo una bandera estadounidense, pero ¿qué chori le importa a un jamaiquino? o, mejor dicho, ¿por qué lo conmovería? La solución fue simple: en Estados Unidos dejaron la bandera y para el resto del mundo, aparece el planeta tierra de fondo.
Otro ejemplo de esta empresa es una escena de Monsters University, donde Randall ofrece cupcakes a Mike Wazowski, en los cuales se lee Be my pal, uno por cada letra. Es imposible traducir esa construcción a todos los idiomas y que quepa, por eso lo solucionaron al transformar las letras en dibujitos. Se pierde el chiste de lame, pero no afecta a la trama y Randall queda ridiculizado igualmente.
¿Cuándo no se toca nada?
Como traductores, todo lo que concierne a la comunicación de un mensaje particular es a lo que le tenemos que poner más tiempo de pensamiento. Es fundamental tomar decisiones bajo un juicio concreto y luego de analizar la situación. Algunas preguntas que debemos hacernos son las siguientes: ¿Quién es mi público? ¿A qué ámbito pertenece el material? ¿Qué tipo de texto es? A partir de eso, podemos comenzar a ubicar la marca cultural y su relevancia o conexión con el mensaje para tomar decisiones acertadas acerca de cómo abordar el problema.
BIBLIOGRAFÍA
Vinay, J. y Darbelnet, J. (2004). A Methodology for Translation, en L. Venuti, The Translation Studies Reader. London: Routledge. Capítulo 6.
G, J. (2020, noviembre 26). 15 Detalles que Pixar y Disney cambiaron en sus películas para proyectarlas en distintos países. Bored Panda. Recuperado el 27 de octubre de https://www.boredpanda.es/cambios-peliculas-pixar-disney-distintos-paises/



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