¿Dulce o truco? Amargo y retruco




Cuando debemos traducir textos con marcas culturales, uno de nuestros mayores dilemas es qué hacer al respecto. Gran parte de los problemas de este tipo pueden solucionarse al preguntarle al cliente, pero no siempre es así. Dentro de los tres tipos de traducción que Jakobson plantea (intralingüística, interlingüística y semiótica), existen diferentes técnicas que pueden ser de gran ayuda en este escenario.

Antes de meternos de lleno al tema de hoy, hay tres asuntos fundamentales para tener en cuenta y grabarse a fuego:

  • No todo ejercicio de localización es traducción.

  • No toda traducción es localización.

  • No todo ejercicio de localización tiene que ver con lo lingüístico.

Supongamos que decidimos no conservar una marca cultural; aquí es cuando entra en escena la localización. Según la Asociación de Estándares del Sector de la Localización, localizar un producto o servicio implica realizar modificaciones en el original para crear un producto o servicio que pueda comercializarse en el mercado al que se pretende llegar. Es decir, cambiar el contenido fuente para que el público meta conecte con este y logre entender el punto del creador original. Aquí entran las técnicas de traducción oblicua. Por ejemplo, en la película Intensa-mente, la protagonista protesta cuando sus padres le dan de comer brócoli. En Japón, no es común que los niños detesten esta verdura, por lo que se reemplazó con pimientos verdes. En este caso, la técnica que se aplicó es la

adaptación, la cual se trata de una equivalencia situacional.

Localización semiótica


Otra opción es la internacionalización, proceso mediante el cual se despoja al contenido de cualquier tipo de marca cultural, lo que logra que se entienda en todo el mundo. Por ejemplo, si en Argentina alguien dice que «tiene lija» o «le pica el bagre» y se necesita internacionalizar el mensaje, se traduce de manera intralingüística como «tengo hambre». Aquí se utiliza la técnica de modulación, en donde se modifica la forma del mensaje.

Como todo, a veces puede fallar. La película Tenkū no Shiro Laputa (El castillo en el cielo) de Studio Ghibli, productora japonesa, muestra a dos niños que están obsesionados con encontrar una isla llamada «Laputa» (una referencia a Los viajes de Gulliver). Al ser un nombre propio, puede que localizar o no sea una decisión más difícil, además, al ser una referencia a una obra antigua que ya tiene una traducción reconocida, le añade otra capa de dificultad. Aquí decidieron dejar el nombre original, lo cual es entendible y respetable, pero el problema radica en que en el doblaje al español de España se hace mucho énfasis en el nombre de esta ciudad, asunto que —en mi opinión— acapara la atención del espectador (cabe mencionar que esto ya no está en manos del traductor, sino de todo el equipo de doblaje).


Diferente es el caso de Ai Shite Night (Bésame Licia), donde una seguidilla de malas decisiones culminaron en que un personaje se llame «Marika», cuando en la versión en idioma japonés su nombre era «Meiko». El primer problema fue decidir traducir una traducción; los españoles consideraron más fructífero traducir del italiano que del japonés. Aquí no había necesidad de cambiar el nombre propio de este personaje, y si querían cambiarlo, ¿por qué usar una palabra tan desafortunada?


¿Cuándo se localiza o internacionaliza? La decisión siempre gira en torno al público meta. El traductor puede preguntarse qué efecto tiene la marca cultural, si es fundamental mantener algún tipo de guiño cultural para acercar al público o si internacionalizar y hacerlo «neutro». Lo fundamental es pensar en qué mensaje da y cómo impacta en el público, si cumple el propósito que tenía al ser pensado en el idioma meta o si lo desvía por completo.

Por ejemplo, en Toy Story, Buzz Lightyear da un discurso inspirador. En el país de origen de esta película —Estados Unidos—, el personaje tiene de fondo una bandera estadounidense, pero ¿qué chori le importa a un jamaiquino? o, mejor dicho, ¿por qué lo conmovería? La solución fue simple: en Estados Unidos dejaron la bandera y para el resto del mundo, aparece el planeta tierra de fondo.

Otro ejemplo de esta empresa es una escena de Monsters University, donde Randall ofrece cupcakes a Mike Wazowski, en los cuales se lee Be my pal, uno por cada letra. Es imposible traducir esa construcción a todos los idiomas y que quepa, por eso lo solucionaron al transformar las letras en dibujitos. Se pierde el chiste de lame, pero no afecta a la trama y Randall queda ridiculizado igualmente.


¿Cuándo no se toca nada?

Saber cuándo usar la localización y la internacionalización es tan importante como reconocer cuándo no se necesita. Estas herramientas, si bien hacen que el contenido sea más comprensible, implican pérdida, y sí, toda traducción implica pérdida en algún grado, pero estos métodos borran o reemplazan los elementos culturales (que como ya vimos, no es algo malo). Hay instancias en las que no solo no es necesario, sino que no se debe localizar ni internacionalizar. Por ejemplo, un relato ambientado en India, donde el evento principal es una boda. En este país, los festejos de matrimonio tienen mucho peso cultural y hay varias tradiciones propias de que se respetan, entre ellas, danzas típicas de este festejo, los dibujos con henna que se hacen en las manos, etcétera. Por más que nuestro público sea de Italia, Kenia o Malasia, no podemos dejar de incluir los elementos culturales de una boda india. En estos casos, se pueden recurrir a técnicas de traducción directa y —en caso de que el traductor lo crea necesario— realizar notas al pie de página.


Como traductores, todo lo que concierne a la comunicación de un mensaje particular es a lo que le tenemos que poner más tiempo de pensamiento. Es fundamental tomar decisiones bajo un juicio concreto y luego de analizar la situación. Algunas preguntas que debemos hacernos son las siguientes: ¿Quién es mi público? ¿A qué ámbito pertenece el material? ¿Qué tipo de texto es? A partir de eso, podemos comenzar a ubicar la marca cultural y su relevancia o conexión con el mensaje para tomar decisiones acertadas acerca de cómo abordar el problema.


BIBLIOGRAFÍA


Vinay, J. y Darbelnet, J. (2004). A Methodology for Translation, en L. Venuti, The Translation Studies Reader. London: Routledge. Capítulo 6.

G, J. (2020, noviembre 26). 15 Detalles que Pixar y Disney cambiaron en sus películas para proyectarlas en distintos países. Bored Panda. Recuperado el 27 de octubre de https://www.boredpanda.es/cambios-peliculas-pixar-disney-distintos-paises/


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Oh my god! Internet! Hi!

Documentos de Google vs. Microsoft Word, una batalla de procesadores de texto que te dejará sin palabras